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No creo en la crítica objetiva. Sólo conozco una o dos personas a las que le interesan mis opiniones. y a veces creo que lo hacen por cortesia.

viernes, 15 de septiembre de 2017

“El ojo del tiempo (Una odisea en el tiempo 01)” de Arthur C. Clarke y Stephen Baxter


Nueva colaboración entre Arthur Clarke y Stephen Baxter. En “El ojo del tiempo” diferentes personas, en diferentes momentos de la historia, experimentan la “discontinuidad” un parpadeo de confusión, el sol parece bailar y se encuentran en un nuevo planeta Tierra, compuesta por parches del nuestro, procedentes de diferentes periodos del tiempo.

Una idea que parece mas propia de Philip José Farmer que de Clarke o Baxter y que no es demasiado original, pero que está bien desarrollada. Los autores demuestran estar tan bien versados en las ciencias físicas como en historia: no sólo hacen un buen trabajo imaginando las posibles consecuencias de la “discontinuidad” sobre el clima y la ecología, sino que también aportan mucha información sobre el funcionamiento de los ejércitos imperiales británicos, macedonios y mongoles, además de los inevitables conflictos culturales, que desembocarán en una épica batalla entre los ejércitos de Alejandro Magno y Gengis Kan.

(Batalla épica, sí, pero que no puede compararse al combate del mismo Alejandro contra las legiones romanas en “Alejandro Magno y las águilas de Roma”, de Javier Negrete. ¿Veremos algún día la segunda parte?)

Narración aventurera de supervivencia, exploración y guerra, “El ojo del tiempo” es una novela muy amena y una buena obra de ciencia ficción, pero no excepcional. El conjunto se ve lastrado por dos problemas narrativos.

Primero, los personajes son demasiado tópicos. Los mejores son, con diferencia, los personajes históricos. Alejandro y Ruyard Kipling, sobre todo este último, tienen personalidades atractivas, pero, los que son de creación propia de los autores, resultan meros esbozos. Ellos lo intentan, si, hay que reconocer que, por lo menos, han hecho el esfuerzo. Les han buscado motivaciones plausibles y han procurado que no sean personajes de una sola pieza, que cuenten con sus defectos y virtudes. A pesar de ello, no han conseguido dotarlos de voz propia y en pocas ocasiones consiguen que nos preocupen sus destinos o nos conmuevan. La muerte de Kipling es una excepción.

Hay un personaje en concreto que es un desperdicio increíble. Es un personaje que no es de fiar, porque los que lo conocen no paran de repetirlo, pero que en ningún momento se muestra sospechoso. Al final comete una traición. El lector no presencia esa traición y tampoco se puede decir que tenga mucho efecto en la historia. El lector tampoco presencia las consecuencias que tuvo dicha traición sobre el traidor. Todo el tema de la traición no ocupa más que un par de frases. ¿A cuento de qué viene entonces? ¿Porqué no suprimir, no ya la parte de la traición, sino el propio personaje de la novela? Bueno, sabía griego.

El otro defecto principal, es la última parte del libro, que resulta larga y anticlimática. Una vez la batalla ha concluido, la novela pierde fuelle y los supervivientes se limitan a vagabundear de un lado a otro, sin objetivo aparente, más que describir un poco más el mundo creado por sus autores.

Hasta aquí las pegas literarias. En el terreno personal, la novela se me ha hecho demasiado british para mi gusto. Subyace en él una exaltación de Kipling, del ejército de su época y el convencimiento de lo gloriosa e importante que ha sido siempre Inglaterra, que ya me pareció detectar en “Luz de otros días”, pero más diluida.

Dado el intrigante cliffhanger con el que termina, tendré que leer la continuación, pero aunque, en general, me ha dejado un buen sabor de boca, creo que se podía esperar más de los autores.

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