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No creo en la crítica objetiva. Sólo conozco una o dos personas a las que le interesan mis opiniones. y a veces creo que lo hacen por cortesia.

viernes, 1 de abril de 2016

“Cibertormenta” de Matthew Mather




Vivimos tiempos difíciles para los aficionados a la ciencia ficción adultos. Los grandes nombres del género ya no se comercializan en nuestro país y las novedades se han reducido prácticamente a cero. Con algunas excepciones. Una de ellas son los autores primerizos que han conseguido un gran éxito auto publicando su obra en Internet. Sobre todo si se da el caso de que se está preparando una película o una serie de televisión sobre ella. Ese fue el caso de Andy Weir y parece ser el caso de Matthew Mather.

Reducida a su mínima esencia, la novela cuenta como una serie de ciber ataques desarticulan la administración de Estados Unidos y como la ciudad de Nueva York se hunde en el caos.

Hay dos maneras de enjuiciar el libro, como tesis o como novela.

Como tesis, plantea algunas cuestiones tan interesantes como preocupantes: nuestra creciente dependencia tecnológica, el conflicto entre libertad y seguridad, el riesgo que comporta la creciente complejidad del mundo y el modo en que aumenta la probabilidad de que sucesos sin ninguna relación aparente entre sí acaben produciendo resultados catastróficos. Esto último, aviso de spoilers, se encuentra en las explicaciones introducidas de modo muy poco sutil en el desenlace, y aunque la mayor parte de la gente las considera poco creíbles, a mi si me han convencido. También incluye una frase que lleva dándome vueltas por la cabeza desde hace días, relacionada con la otra gran obsesión, la del “lo quiero todo gratis” o “quiero todo lo que sea gratis”. No tengo ganas de buscarla, pero dice algo así como “Cuando no pagas por un producto, tu te conviertes en el producto”

Por desgracia, estas cuestiones solo se plantean, no se entra en profundidad en ninguna de ellas.

También se da una descripción bastante realista del comportamiento de la gente ante las situaciones límite y una visión muy desfavorable de la naturaleza humana.

En cuanto a la novela… Cuando descubrí que el protagonista, Mike está casado con Lauren, quien, además de ser muy guapa, es de familia rica y sus padres no aguantan a Mike, pero en cambio simpatizan mucho con su vecino, Richard, también un aristócrata privilegiado, al que Mike no soporta porque piensa que pasa demasiado tiempo con Lauren, por un momento estuve a punto de arrojarla por la ventana. Si no lo hice fue porque disponía de ella en formato electrónico y le tengo mucho cariño a mi viejo y baqueteado e-reader.

Al comienzo del libro, tenemos un prólogo situado en el futuro, en el que Mike sale por la noche a buscar comida para alimentar a su familia. Ese prologo es el mayor logro narrativo de Matthew Mather en toda la novela, si no existiera, no habría sido capaz de soportar los primeros capítulos. Su promesa de futuros peligros y pesares es lo que me sostiene mientras recorro página tras página de lugares comunes, prosa convencional y personajes sin alma. No es que sean demasiados capítulos, ni que sean demasiado largos, es que son demasiado malos. La idea es mostrar como, poco a poco, la amenaza va introduciéndose en la vida cotidiana. Es como están construidas muchas novelas de terror y la razón por la que no las leo, porque para llegar a la chicha tienes que apechugar con decenas de páginas intrascendentes. De todos modos, mis gustos a parte, se puede hacer mejor o peor y Mather lo hace rematadamente mal. Es triste pensar que probablemente pensara que estaba enriqueciendo su obra, añadiendo interés humano, cuando los conflictos sentimentales que introduce, al ser tan manidos y superficiales, en realidad lo que hacen es empobrecerla. Quien sabe, supongo que, leídos con buen humor, pueden encontrarse divertidos. Involuntariamente divertidos, eso si. En fin, un catálogo de los tópicos de los tele filmes de sobremesa, tratados con menos profundidad.

Finalmente, las cosas se animan y comienzan las tribulaciones para los protagonistas. Llegados a este punto, había dos enfoques posibles. O bien mantienes al lector enganchado centrándote en la lucha por la supervivencia, con un enfoque a medio camino entre la novela de aventuras y la de terror y un ritmo diabólico que no le dé descanso, o bien has conseguido que el lector se identifique y se encariñe con los personajes y que sea la empatía la que lo mantenga en vilo. Los grandes autores consiguen que desees que no pase nada, porque no quieres que nada malo les pase a los personajes.

Mather tira por la calle de en medio, pero creo que, en un setenta o un ochenta por ciento, ha optado por la segunda opción. El problema es que sus personajes son meros monigotes sin personalidad hacia los que resulta imposible sentir la menor empatía. Además, el modo en el que decide contar la historia juega en su contra. Durante mas de la mitad de la novela, los capítulos siguen un esquema de lo más predecible. La acción transcurre en navidad, así que en la parte central de cada uno, hay un conato de recuperar el espíritu navideño a pesar de la adversidad, una fiesta, una comida o algún detalle cariñoso, que es inevitablemente interrumpido por una nueva hecatombe, cuya revelación cierra el capítulo.

El siguiente capítulo, empieza con un brusco cambio de escena, transcurrido un periodo de tiempo variable pero no inferior a unas cuantas horas, sin explicación alguna de como Mike y los que le acompañan han acabado donde están ahora, ni porque están haciendo lo que hacen, aunque esa información se nos presentará en seguida unas pocas páginas después. Es un recurso muy habitual, inspirado probablemente en los cliffhangers de series de televisión y cómics. Cada vez lo odio mas. En ocasiones, tiene su justificación, pero a menudo es terriblemente anti climático. A ver, si, para entender la historia, tienes que contarme como se va de A a B ¿porque no me lo cuentas directamente después de A, sobre todo cuando lo que estaba ocurriendo en A era mucho mas interesante que lo que ocurre en B? Con la tontería, Mather nos escamotea lo que podrían ser los pasajes mas intensos de su obra y, al menos en una ocasión, uno vital.

Algunas cosas, además, no resultan creíbles. Con la luz cortada en toda la ciudad, sus habitantes crean una red de malla con los teléfonos móviles, que cargan con gasolina extraída de coches abandonados. ¡Anda ya! Con la ayuda de manuales de supervivencia bajados de la red, gente de ciudad sin ninguna experiencia construye trampas para animales salves y les funcionan. ¡Anda ya! Si yo me vi mil veces una demostración en YouTube de como hacer el nudo de una corbata y menos mal que guardo en un cajón la que me anudó mi padre hace seis años ...

No niego que hay algunas escenas impactantes y escabrosas, como ya he dicho, en la novela hay buenas ideas, pero el modo en que las describe no resulta interesante. Por decirlo con poca suavidad, literariamente hablando, esta novela no vale absolutamente nada. Lo mejor que puedo decir del estilo de Mather, es que no cansa demasiado, lo que a menudo no me parece poco, pero en este caso si. Sinceramente, no he encontrado nada memorable en esta obra y sus detalles ya están desapareciendo de mi cabeza. No hay en ella nada que me emocione, cosa extraña, porque, como ya digo, no me ha parecido descabellada, no soy joven y soy incapaz de sobrevivir por mi cuenta en medio de una sociedad civilizada, como esta se desplomase, estoy seguro de que no sobreviviría durante unas semanas sino, como mucho, unos poco días. Sin embargo, la lectura de este ciber apocalipsis no me ha tocado ninguna fibra sensible, al contrario que a muchas personas más jóvenes cuyas opiniones he leído o escuchado.

Quien sabe, tal vez Matthew Mather haya radiografiado el mayor temor de nuestra sociedad: que nuestro smartphone no tenga a que conectarse.











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