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No creo en la crítica objetiva. Sólo conozco una o dos personas a las que le interesan mis opiniones. y a veces creo que lo hacen por cortesia.

jueves, 4 de junio de 2015

“Las aventuras de Eric John Stark” de Leigh Brackett



Recuerdo que un día, saliendo de un examen de la Facultad, me pasé por Espasa antes de volver a mi casa y me encontré una enorme cantidad de saldos de Miraguano. Aunque me habían llamado la atención, no me había comprado ninguno porque me parecía que la relación número de paginas / precio era desproporcionada. Aquel día me puse las botas y me reencontré con Leigh Brackett, autora por la que sentía curiosidad desde que leí “La espada de Rhiannon”.

Miraguano publicó tres libros de esta autora, “La estrella escarlata”, “Los perros de Skaith” y “Los piratas de Skaith”. El protagonista de aquella trilogía era Eric John Stark. Un terrestre criado por los aborígenes de Mercurio, considerados bestias por los mineros humanos, que los habían exterminado y le habían metido en una jaula. Su nuevo padre adoptivo Simon Asthon conseguiría integrarle en la humanidad, aunque Eric sería siempre más bestia que hombre y tendría tendencia a revertir a su estado animal en los momentos de tensión. Al público actual le recordará a Lobezno, cuya influencia es imposible, dado el golfo de años que les separan. Más probable es la de Tarzán, puesto que Brackett estaba muy influenciada por Burroughs.

Eric John Stark se gana la vida como mercenario, normalmente en lugares poco civilizados como Marte y Venus, donde todavía es habitual luchar con lanzas y espadas y siempre toma partido por los bárbaros que se defienden de la explotación del mundo civilizado.

Aunque aquel fuese mi primer contacto con este héroe sombrío, no eran las primeras narraciones que protagonizaba. Este volumen reúne el resto de las obras de Leigh Brackett sobre Eric John Stark. Son historias que me recuerdan un poco a las clásicas aventuras de Alex Raymond de Flash Gordon, aunque el personaje que nos ocupa sea moralmente mas ambiguo. En el mundo de la estrella escarlata incluso había hombres marinos y hombres alados (más o menos) y lo mismo ocurre con sus habitantes de Marte. Los argumentos son sencillos. Hay grandes batallas y hay mujeres hermosas y todas se sienten instantáneamente atraídas por el protagonista. Al menos una vez, en cada una de los aventuras, se nos recuerda lo fuerte, lo duro y lo atractivo que es Eric, aunque en este aspecto Brackett sea menos repetitiva que Robert E. Howard. Los malos son muy malos y lo son porque sí, sin complicidades psicológicas, y Stark acaba con sus ambiciones a hostias, sin estrategias complicadas ni ideas ingeniosas.

Si eres de los que consideran este tipo de historias infantiles, estereotipadas, desfasadas y,  probablemente, ideológicamente ofensivas, no sigas leyendo, este libro no es para ti. No es alta literatura. No se puede decir que haya gran profundidad en sus personajes. No es el tipo de libro que conseguirá que la literatura fantástica o la ciencia ficción sean aceptadas por los intelectuales y el gran público. Es más, reúne todos los defectos que presuponen esos bobos que afirman que no les gusta la ciencia ficción, a pesar de que jamás han leído una novela del género. (Y, aunque no tiene elementos sobrenaturales, no creo que se le pueda llamar ciencia ficción, es más bien, aventura pura y dura).

A estos defectos añadiré que la cuarta historia “Stark y los reyes de las estrellas” es con mucho la peor de las cuatro. Muy inferior a las otras tres, se trata de una colaboración de Brackett con su marido, Edmon Hamilton y un crossover con su saga “Los reyes de las estrellas” y se nota. Sólo he leído una novela de dicha saga, puede que no se hayan publicado más en España y, aunque entretenida, me pareció, básicamente, basura. Afortunadamente, esta historia apenas abarca un 17% del libro.

Dicho, esto, el libro me ha encantado. Las tres historias restantes rozan el umbral de obra maestra. La autora maneja el sentido del ritmo de la peripecia aventurera con maestría y además, están muy bien escritas, o al menos con un gran oficio. Tengo poco que decir de “La reina de las catacumbas marcianas” aparte de que es un prodigio de ritmo y de las magníficas escenas del desierto. “La amazona negra de Marte” contiene varios pasajes que permanecerán mucho tiempo en mi memoria, el magnífico uso del suspense y la expectación del capítulo V, cuando se aguarda el ataque de ese ejército que parece que no va a llegar nunca, el misterio que embarga la descripción del paso de Kushat y su inerte guardián y, por supuesto las descripciones llenas de maravilla del pueblo del hielo. Pero incluso esas descripciones palidecen ante las del fondo del mar gaseoso de “La encantadora de Venus”, las inmersiones en este mar respirable y envuelto en llamas, con su fondo repleto de ciudades abandonadas y bosques muertos perfectamente conservados. La sensación de amenaza que envuelve el comienzo de esta última historia y su melancólica atmósfera de decadencia la convierten en una obra inolvidable.

No puedo decir mucho más, esta no es una obra para analizarla, sino para experimentarla y disfrutarla.          

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