"El héroe de las eras" de Brandon Sanderson
Con esta novela llega a su fin la primera trilogía de los nacidos de la bruma. Es un chiste personal que ya he repetido en esta vez que las trilogías modernas y exitosas de género fantástico siguen siempre el mismo patrón: una primera entrega interesante y autoconclusiva, aunque deje algunos cabos sueltos por si la cosa sale bien, una segunda entrega que, no sólo no concluye apropiadamente, si no que lo deja todo en el aire y una tercera, con la que se alcanza el decepcionante desenlace de la saga. Lo menciono porque no ha sido el caso de esta trilogía, cuya tercera entrega ha sido una lectura casi completamente satisfactoria.
“Casi”, porque nada en este mundo es perfecto y, para no dar una impresión equivocada, vamos a empezar con lo que no me ha gustado.
Como los libros anteriores, en “El héroe de las eras”, los capítulos se alternan con fragmentos con otro tipo de letra en los que se nos van adelantando información que los protagonistas descubrirán más adelante, en aquellos eran fragmentos de libros o documentos perdidos, en este es un libro todavía no escrito, del cual se descubrirá la identidad del autor justo al final. Bien, eso no me molesta, forma parte de la personalidad de la saga y no íbamos a cambiarlo justo ahora. Pero su contenido me chirría algo más, por el cambio de estatus que supone y por lo vago que es. De repente, resulta que nuestros héroes están inmersos en el conflicto entre dos dioses, Conservación y Ruina, algo que ya se insinuó en el volumen anterior. A continuación se dan múltiples explicaciones sobre los actos de Conservación y Ruina y como han influido en todo lo ocurrido hasta ahora, pero son explicaciones muy vagas, muy generales y un poco porque sí. Los poderes y debilidades de ambas entidades están definidas un poco porque sí, igual que sus actos. Yo esperaba que, cuando los protagonistas descubrieran por si mismos dicha información, se profundizaría más en los “Cómo”s y los “Porqué”s, pero que va, se limitan a repetir lo mismo, casi con palabras idénticas, como si fuera la coda de un juego de rol.
Al parecer, Brandon Sanderson no empezó a publicar estos libros hasta que tuvo terminados los borradores de los tres (seguramente influyó que fueran de lo primero que consiguió publicar profesionalmente). Por eso resulta tan sorprendente que todas las explicaciones sean tan tenues. El argumento está bien pensado, todas las cosas encajan, pero algunas dan la sensación de ser producto de un cambio de opinión, haber pensado que tal hecho tendría esta importancia en el primer libro, cambiar de parecer y que luego resulte que significaría tal otra cosa y haber revisado los manuscritos para evitar contradicciones, de modo que aunque, aunque, como ya dije, los hechos encajen, resulte algo extraño y cogido con pinzas. Aparte de que se saque de la manga nuevas reglas, la hemalurgía, mismamente y alguna cosilla resulte algo vergonzosa, como esa obsesión numerológica con el 14 sacada de la manga y casi irrelevante.
No se trata de cosas tan baladíes como suenan, porque la investigación de su verdadera naturaleza y la comprensión de Scadrial son el eje de esta primera trilogía.
Hay un tufillo religioso que me resulta un poco peligroso. Ciertas obsesiones mesiánicas, el tema del “elegido”, del que Sanderson parecía estar burlándose en las anteriores entregas, aquí se vuelve predominante. También hay personajes que se convierten en dioses y cierta obsesión con el martirio: muchos personajes se sacrifican heroicamente y la salvación de Scadrial parece exigir finalmente el sacrificio de una especie inteligente completa. Pedazo de justificación del genocidio, aunque sea un genocidio voluntario. No acabo de estar muy conforme, ideológicamente hablando.
Y el tema de la fé… Es un asunto serio, aunque no vaya conmigo, es muy importante para demasiados millones de personas. La solución que propone Sanderson ya le he oído y siempre me ha parecido un poco trivial “Elijo creer porque soy más feliz creyendo que existe un dios que vela por mí.” No hacían falta tantas páginas para eso.
Para compensar, hay muchísimas cosas buenas.
Las escenas de acción ya no resultan liosas y están más comedidas.
Vin y Elend por fin han dejado atrás sus inseguridades y ahora se comportan como un matrimonio bien avenido, cuya relación se cimenta en la confianza mutua. No crean que he visto muchos así en la vida real, pero, en cualquier caso, ambos han madurado y pasan a comportarse como adultos responsables, en vez de como los adolescente que, por edad, no están muy lejos de ser. ¿Sería la intención de Sanderson contar durante la trilogía el proceso de maduración de sus personalidades? De ser así, podría ser intencionado que, en el libro anterior, resultaran ligeramente insoportables, aunque lo dudo.
Fantasma, el miembro más desaprovechado de la banda, se convierte en un nuevo héroe de la historia, con sus sentidos aumentados al nivel de Matt Murdock, sólo que con la vista incluida, por culpa del abuso de estaño. Mola.
Y, por supuesto, están los kandra, para mi gusto, son los personajes más fascinantes de la saga, a los que Sanderson entrega en esta novela su propia línea argumental, lo que, además de dar variedad a los escenarios, permite profundizar en la cultura y las costumbres de este pueblo, si bien es cierto que el habitual descuido del autor para la ambientación a veces haga difícil imaginar lo que cuenta. Hasta que encontré por internet algunas interpretaciones de artistas no tuve muy claro como podían ser los cuerpos de madera y cristal.
El libro parte de una situación desesperada, que no par de empeorar. Aunque los reveses y catástrofes se suceden, los personajes no se están quietos, las hacen frente, tratando de comprender la naturaleza de su mundo. Sanderson ha llevado a la ¿fantasía épica? la actitud que tanto amo de las novelas de ciencia ficción, el esfuerzo por analizar y comprender el mundo que nos rodea. Sin perder emoción ni carga épica, conceptos como la distancia de Scadrial a su sol y su velocidad de rotación resultan claves para la resolución de la trama. A cada trampa perfecta y racionalmente orquestada, sus héroes han de responder con su propio ingenio, tirando de su comprensión creciente de la naturaleza y la historia. Giro inesperado tras giro inesperado, vuelta de tuerca tras vuelta de retuerca, dándole la vuelta a la tortilla en los momentos más desesperados, de modos bastante verosímiles.
Ya digo que no es perfecta, los personajes podrían resultar más naturales y alguna cosa está un poco pillada con pinzas y resulta liosa, algún momento dramático no es todo lo impactante que debería, pero, con todo y con eso, engancha, atrapa, emociona, entretiene y todos los demás sinónimos que ustedes sean capaces de añadir. Con esta novela Sanderson ha terminado ganándome para su causa.

21-07-2026
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