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No creo en la crítica objetiva. Sólo conozco una o dos personas a las que le interesan mis opiniones. y a veces creo que lo hacen por cortesia.

sábado, 25 de mayo de 2013

"El ladrón cuántico" de Hannu Rajaniemi

Recuerdo que una tarde, en el centro de cálculo de la facultad, leí una reseña de "Diáspora" de Greg Egan. Eso debió de ser hace al menos quince años, quizá mas, ¡Arghh!, la mortalidad humana y todas esas putadas. En fin, en esa reseña se hablaba de que la ciencia ficción no solía atreverse a especular sobre la evolución de la propia especie humana, que sus humanos del futuro son iguales que los humanos del presente. El tiempo ha pasado desde entonces, y ya existen un buen puñado de obras sobe la aplicación de las nuevas tecnologías, informática, genética, nano-tecnología a nuestra propia especie, tanto, que si no lo ha hecho ya, va camino de convertirse en un subgénero propio, como en su día lo hizo la cyberpunk. Ya se habla de ciencia ficción "post-humanista".

No es un género que me guste demasiado. No me entiendan mal, es una especulación totalmente válida, puede que incluso necesaria. Mi problema es que me cuesta involucrarme emocionalmente en estas historias, me resulta imposible identificarme con seres inmortales, que almacenan sus recuerdos en soportes informáticos para transferírselos a otro cuerpo, artificial por supuesto, puesto que  todos sus cuerpos son artificiales, mejorados genética o nano-tecnológicamente, aunque la mayor parte de su tiempo  vivan en entornos de realidad virtual. Gente que pueden intercambiar recuerdos y editarlos, decidiendo así lo que quieren recordar o no, alterar las características de su personalidad, hacer copias de si mismos, etc...

No me entiendan mal. Una obra puede gustarme mucho aunque no se de un género de mi predilección. Tampoco me gustan las historias apocalípticas y me encantó "Soy leyenda", y me encantó la trilogía de "La edad de oro" de John C. Wright (¿Porqué la gente se mete tanto con el segundo y terer volumen?). La novela venía con otro handicap por mi parte, amablemente descrito en la red, "el gozoso uso de la tecnojerga", otra cosa a la que le tengo mucha manía (Me cago en Jodorowsky y los metabarones). Aparte de ello, me resultó dificil de encontrar, pues la he visto totalmente ausente de las grandes superficies, la Fnac y el Corte Ingles, aunque no de las amables librerías, en mi caso, una vez mas "Estudio en Escarlata", en la que de todos modos prefiero gastar mis cuartos, pues tienen mayor oferta y, en ocasiones, han llegado a hacer grandes esfuerzos para encontrarme libros. En todo caso, Alamut no acaba de resolver sus problemas de distribución.

A pesar de estos reparos, la novela tiene una premisa tan atractiva que me resultó imposible no comprarla. Un ladrón de guante blanco del futuro encarcelado en la Prisión de los Dilemas, condenado a enfrentarse a innumerables copias de sí mismo en una rutina de muerte, deserción y cooperación de la que es rescatado para que lleve a cabo un nuevo y dificilísimo golpes, para lo que primero tiene que recuperar los recuerdos y partes de su personalidad que escondió antes de ser capturado.

No me conozco la obra de Maurice Leblanc, pero todo tiene el aspecto de ser un homenaje a las aventuras de Arsenio Lupin, cómo indica sin ir mas lejos la cita que abre la novela. Jean le Flambeur es un trasunto del propio Lupin y la ciudad marciana móvil en que transcurre buena parte de esta, la Oubliette, recuerda a una versión idealizada del parís de la belle epoque, es un ambiente sofisticado, lleno de estudiantes, artistas, y excéntricos, y un escenario bastante fascinante, los robos y devoluciones de relojes me recuerdan a esa historia en que Arsenio Lupin le roba y mas tarde le devuelve el reloj al detective inglés Herlock Sholmes, sin que este se entere de ninguna de las dos cosas.

Pero estos guiños no quieren decir que sea una novela indicada para el público no aficionado a la ciencia ficción. Los aficionados tenemos mucha experiencia con este tipo de obras, de hecho, una de las cosas de las que disfrutamos durante su lectura es el reto de armar el puzzle, cuando nos encontramos una palabra extraña o un concepto raro, que no nos explican, nos lo apuntamos mentalmente, y esperamos el momento en que quede claro de qué se trata, nuestro cerebro haga click y se encajen todas las piezas. Es divertido y nos gusta. En ocasiones se queda algún palabro raro en el tintero, pero si eso es así es porque no tenía importancia y no nos preocupa. Tenemos entrenamiento y conocemos el juego. Una persona que no sea aficionada a la ciencia ficción, cuando lleve veinte páginas leyendo sobre qupticar, gogoles, gevulot, Zokus, Tzaddicks, la Sobornost, sentirá que la cabeza le da vueltas a punto de estallar. Ese es el motivo por el que todas las películas de ciencia ficción empiezan con una larga parrafada en la que se explican todos los conceptos que se van a utilizar.

Diré a favor de Rajaniemi, que casi todas las ideas que introduce se acaban entiendo sin necesidad de explicaciones, aunque al acabar la novela sigo sin tener muy claro que son los Zokus y la Sobornost y las razones que enfrentan a estas dos facciones. Rajaniemi exhibe una imaginación y una creatividad envidiables. En mi vida he leído sobre muchas ciudades móviles, pero ninguna tan dinámica como la Oubliette, con sus barrios móviles. Los escenarios son importantes, a veces tan importantes como la trama misma y esta ciudad, en la que el tiempo se emplea como moneda de cambio, con sus aletargados, su exomemoría, su gevuloc y sus justicieros enmascarados es uno de los mejores escenarios que me he encontrado en años.

Tampoco se puede negar su amenidad. Está estructurada en base a capítulos muy breves en los que, sin embargo, siempre ocurre algo, las peripecias, las peleas, las persecuciones y los robos arriesgados se suceden continuamente. Los personajes, en cambio, pecan de poco desarrollados, no hay grandes flashbacks, lo que en estos tiempos que corren es bueno, no se profundiza en sus motivaciones, ni se consigue dotarles de una gran profundidad. Jean es el prototipo de ladrón de guante blanco, amante de la buena vida, ligón, mujeriego y encantador, pero mas porque nos lo dicen que porque lo demuestre activamente con sus actos y sus diálogos. Mieli es una especie de guerrera honorable, así que se tiene que mencionar el honor y la lealtad cada vez que se adopta sus punto de vista, aunque este problema no se nota mucho, porque los capítulos son breves y las escenas también.

Algunas de las descripciones del libro están llenas de fantasía, e incluso de tintes poéticos, no del todo mal logrados, pero Rajaniemi comete el error de querer deslumbrar continuamente. De este modo atiborra cada página y cada descripción de gadgets tecnológicos, de tal modo que parece que los protagonistas no puedan coger una pastilla de jabón, a menos que la espuma les llegue por medio entrelazamientos cuánticos, o se trate de un jabón nano-tecnológico. Esto vuelve algunas páginas un poco farragosas y obliga a leer despacio y con mucha atención. No llega a hacerse cansado, aunque a punto esté a veces, porque como ya dije, se hace de la brevedad virtud, y aunque densos, los párrafos son cortos.

El desenlace, aunque no improvisado, cuando lo lean se darán cuenta de que está pensado casi desde el comienzo, y comprenderán el porque de algunos capítulos que parecían un poco irrelevantes, resulta un poco precipitado, por la cantidad de giros argumentales, revelaciones, calamidades, heroicidades y argucias desesperadas que se acumulan en muy pocas páginas.

Se trata de la primera novela de un autor joven. Mas joven que yo de hecho. ¡Arghh! ¿Qué fue de la época en que los autores de todos los libros que leía tenían como poco edad para ser mis padres?.Como debutante qué es, pretende deslumbrar y deslumbra. Es una novela amena y entrenida, en ocasiones fascinante. Espero que en sus próximas obras dedique menos tiempo a describir los diferentes alojamientos de los personajes y mas a desarrollarlos y a la construcción dramática, y que, si no lo hace, los describa al menos con un lenguaje mas sencillo.

Lo peor, aunque la trama principal se cierra, cuando te vas acercando al final, te vas dando cuenta de que esto no le dá tiempo a acabarlo ni a Flash el relámpago humano, y efectivamente, cuando llegas al final te encuentras con esto habrá de continuarse en otro libro. Habemus saga. Otra vez. 

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