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No creo en la crítica objetiva. Sólo conozco una o dos personas a las que le interesan mis opiniones. y a veces creo que lo hacen por cortesia.

sábado, 14 de diciembre de 2013

"La ciudad al final del tiempo" de Greg Bear




Esta novela me ha resultado desconcertante. Empecemos por el argumento: tenemos a Jack y a Ginny, dos jóvenes de nuestro tiempo, que más o menos tienen poderes, para ser exactos poseen una especie de talismanes que les permiten moverse entre realidades o alterar las probabilidades. Hay unos tipos bastante siniestros que les persiguen. Además cuando se duermen en ocasiones intercambian sus cuerpos con Jebrassy y Tiadba, que a su vez son unos jóvenes que intentan huir de una especie de ciudad en la que viven en un futuro muy, muy lejano, tan lejano que el universo está llegando ya a su fin, devorado por algo llamado el Tifón.

Así sobre el papel parece el esquema de serie de novelas juveniles, y la verdad es que eso me alejó de esta novela durante mucho tiempo. Si les rebajáramos un poco la edad a Jack ya Ginny (esta sólo tiene dieciocho, pero es un tema mas espinoso de lo que parece y no lo puedo explicar sin spoilers), tendríamos a un par de adolescentes atormentados dotados de poderes que no comprenden, cual si fueran miembros de la patrulla X, acosados por misteriosos enemigos y destinados a convertirse en los salvadores de un universo futuro mucho mas exótico que el real. Además, Jebrassy y Tiadba encajan en el molde de adolescentes que se enfrentan a una sociedad reglamentada y opresiva. El tema de los desplazamientos mientras duermen podría haber dado incluso para tetraedros amorosos. Vamos que aquí podría haber salido una trilogía de éxito que J.J Abrams y sus secuaces estarían deseando en convertir en serie de televisión.

Por suerte o por desgracia, no eran esas las intenciones de Greg Bear. ¿Cuáles eran sus intenciones entonces? Pues eso es lo que me resulta desconcertante. No sabría decirte si estamos ante un mero divertimiento o ante una reflexión filosófica sobre la naturaleza de la realidad, el devenir del tiempo y el destino de la humanidad. De hecho en los comentarios que hace la gente en la red sobre esta novela, la manía de poner etiquetas a una obra que nos definan claramente lo que es resulta controvertida. Nadie sabe si estamos ante una novela de ciencia ficción o de fantasía pura y dura. Si, se habla de partículas subatómicas, de líneas temporales que colapsan y hay bastante jerga científica no explicada. También hay musas (como suena), y libros que cambian espontáneamente su contenido o vierten sus palabras y quedan en blanco.

La propia publicidad no para de hablar de las referencias a Borges (está llena de bibliotecas infinitas) y a “La torre oscura”, de Stephen King. Esto ya es algo más discutible. Curiosamente, nadie menciona a William Hope Hodgson, autor en el que empiezo a pensar cuando leo eso del último reducto de la humanidad en un universo dominado por la oscuridad, al final del tiempo. Luego cuando se habla del explorador que abandonó la ciudad para ir a buscar a su amor perdido, empiezo a gritar ¡El reino de la noche! ¡El reino de la noche! Luego se meten en armaduras para salir al exterior, y empiezo a perder la voz. Cuando llegan al Valle de los Dioses Muertos (esto me suena más bien a “La casa en el confín de la tierra”), ya estoy afónico. Afortunadamente, poco antes del final, descubro que no soy un fan maniaco obsesivo, cuando Glaucous dice: “recorrí las trincheras en los alrededores de Yprex, hace casi cien años, buscando un caballero en concreto… un tipo robusto y poeta. Soñaba o eso me habían hecho creer, un llamado Último Reducto. Antes de partir había escrito un libro, detallando sus sueños. Pero la guerra ya lo había volado por los aires. Malos años para los cazadores, los años de la guerra.” Curiosamente, a pesar de que tiene partes fascinantes, “El reino de la noche” se me hizo bastante insoportable cuando lo leí…

Bueno, estas divagaciones han sido divertidas, añadiría que la frase, “¿Sueñas con una Ciudad al final del Tiempo?”, queda divina para camisetas, banners y publicidad viral, pero habría que empezar a ponerse serios. El asunto es, independientemente de lo que haya querido decir el autor. ¿Está bien este libro? ¿Merece la pena leerse?

Pues casi te voy a contestar, y me parece que te voy a decir que no.

Recurramos los apartados básicos. ¿Personajes? Marca de la casa más bien poco definidos. Algunos mejores que otros, los tipos siniestros sobre todo. El Glaucous que he mencionado antes es el más trabajado, aunque no estoy seguro de si me convence su actuación final, fundamental para el desarrollo de la trama. El cambia cuerpos también es un personaje interesante y el coleccionista de libros Arthur Bidewell. No así los chavales protagonistas, que resultan algo esquemáticos y no hablemos del resto de los secundarios.

“Las brujas de Eastlake” El truco para distinguirlas es recordad que una es médica, otra es la que encontró a Jack ya Ginny. De las otras dos….una es pelirroja y la otra es una toca pelotas. Pero a veces la toca pelotas no ejerce su papel y no se puede mencionar siempre el color del pelo, con que….

Los compañeros de expedición de Tiadba. Ahí ya ni me meto. Me resulta imposible recordarlos. Recuerdo que había dos hembras y que siempre decían lo que hacia una detrás de la otra, para poder escribir: “la otra hembra…”

¿El estilo? No está mal del todo. Betsellero alto, insustancial pero eficaz, la mayor parte de las veces. Con todo, hay pasajes que deberían resultar un festín de maravilla, que en cambio resultan fatigosos e incomprensibles. Creo haber leído en algún sitio que Greg Bear también es dibujante. Quizá eso le ayuda a imaginarse las cosas de forma visual. Por desgracia, sus descripciones son muy malas, y esto es una constante en su obra, visiones portentosas de las que no logra hacer partícipe al lector.

¿Es entretenido? En parte. El comienzo es muy pausado. Emplea demasiado tiempo en describirnos el mundo cotidiano de Jebrassy y Tiadba, cuando, a fin de cuentas, su parte de la historia consiste en como lo abandonan. La traducción, la incapacidad de Bear, la costumbre de los escritores de ciencia ficción de no explicar las cosas y dejar que sea el lector quien encaje las piezas, juego con el que habitualmente disfruto, pero…. todo contribuye a que no se entienda mucho. Y es sólo el comienzo.

Mientras tanto, la parte que transcurre en el mundo digamos real antes de que las cosas empiecen a liarse, es también demasiado larga. No se me hizo larga, pero lo es, aquí entra en juego el criterio y el gusto de cada lector. Uno es tan bibliófilo que no puede menos que encontrar fascinantes las descripciones de bibliotecas infinitas, las historias sobre las arañas que se mueven entre los libros, los libros que guardan mensajes ocultos en sus erratas y en las diferencias entre varios ejemplares de un mismo volumen, las ediciones enteras cuyos libros cambian su contenido, todos a la vez, y aún así se pueden detectar los cambios…

Luego se lía la gorda, y durante muchas páginas es un libro muy emocionante, de cuya lectura es muy difícil sustraerse, pero alarga el clímax durante tantas y tantas páginas, que la pompa al final se deshincha, y el lector acaba perdiendo el interés por lo que está leyendo, a lo cual contribuye la cantidad de fenómenos extraños, físicos, temporales, de todo tipo, que no se entienden bien y que configuran el Apocalipsis mas peculiar de todos los tiempos y un final, para el que Bear se guarda muchas cartas en la manga, en el que muchas cosas encajan y hay grandes ideas, pero que a esas alturas ya no impresionan al cansado lector, que, con el piloto puesto, sólo puede pensar en lo que hará después de terminar el libro. Y por favor, no me hagan hablar del destino final de los malos de la película.

Es una novela irregular, con grandes ideas, brillante en ocasiones y no tanto en otras, difícil de leer y demasiado larga, porque, en mi opinión, el esfuerzo empleado no se ve compensado por el placer de su lectura.

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