"La mascarada de la muerte roja" de Robert Weinberg


Ya llevo unos cuantos años siendo asiduo de las editoriales “Los libros de barsoom” y “La biblioteca del laberinto” (antes de la muerte de Francisco Arellano). En las introducciones de muchos de sus libros aparecen referencias a Robert Weinberg. Fallecido en 2016 se le llegó a considerar como uno de los mayores expertos en literatura popular del mundo, de la que poseía una inmensa colección. Reputado editor y antologista, dueño de una librería, ejerció brevemente como guionista de comics, escribiendo una etapa demasiado breve, aunque bastante apañada de Cable, de la que en España sólo llegamos a ver publicado su primer arco argumental, un plagio descarado de la película de Denzel Washington “Fallen”, con una resolución bastante ridícula. Ganó dos veces el premio mundial de fantasía, por sus ensayos sobre la historia de la literatura fantástica y tiene varias novelas publicadas, la mayoría de terror, fantasía oscura o fantasía, a secas. Tiene una obra “A Logical Magician”, que parece bastante curiosa, sobre un estudiante de matemáticas reclutado por el mago Merlín. Lo único que ha llegado a nuestro idioma, son sus novelas ubicadas en los mundos de los juegos de rol Vampiro: la Mascarada y Mago: la ascensión. Completamente inencontrables en formato físico, se las puede encontrar fácilmente en electrónico. En mi caso, tenía unos ejemplares de mi época de comprador compulsivo de saldos, que deben de llevar cogiendo polvo unos veinte años, que dolor produce ya la artritis.

Centrémonos en los de la “Mascarada”. Si los buscas en goodreads, los comentaristas los ponen por las nubes, aunque es cierto que la mayoría parecen recurrir a sus recuerdos de infancia para reseñarlos. Aún así, recuerdo vagamente que, en la revista gigamesh, en la sección aquella en la que se dedicaban a poner a caldo las novelas de franquicias, las calificaron de entretenimiento competente, o algo parecido. Podría equivocarme de revista.

Adelanto que me he llevado una decepción espantosa. Ya oigo a los cínicos diciéndome: ¿Qué esperabas de semejante producto mercantilista, sin duda escrito por encargo, con el único objetivo de rentabilizar un poco más un juego de rol? No hay que dejarse llevar por los prejuicios. Sin ser un experto en ellas, las novelas basadas en juegos de rol o franquicias suelen partir de escenarios muy detallados, lo que suele implicar un world-building interesante. Su objetivo suele ser el mero entretenimiento, en lo que no hay nada de malo y que es mucho más fácil de lograr que escribir: “la guerra y paz de la literatura fantástica”. Y, mercenarios o no, los autores suelen destilar amor o, por lo menos, fascinación, por la franquicia en que trabajan. Robert Weinberg lo hace. Su entusiasmo es perceptible en el vigor con el que se esfuerza porque no se le escape de las manos un argumento con una docena de personajes, o más, en el carisma de alguno de sus personajes y en las referencias a la cultura popular (aparece un vampiro que habita las catacumbas de París al que todo el mundo conoce como Fantomas, seguro que se pueden contar con los dedos de una mano las personas que en Estados Unidos saben quien es Fantomas) .

Ahora bien, dije “carisma de algunos personajes”, que no “profundidad de algunos personajes”. Por ejemplo, el supuesto protagonista Dire McCaan, es un detective privado con conocimientos mágicos, envuelto en las intrigas políticas de los distintos clanes de vampiros. ¿No suena bien? Así descrito, parece carne de comic de Vértigo. El problema es que, aunque webs y contraportadas le califiquen de protagonista, pinta muy poco en el esquema global y lo de que sea detective privado es anecdótico, porque nunca ejerce de tal: no investiga, no tiene casos y no se hace el listillo ante los múltiples matones a los que se enfrenta. Ni siquiera tiene largos parlamentos, cargados de ironía, en los que reflexione en primera persona sobre todo lo visible y lo invisible. Visto lo visto, lo mismo podría ser un analista programador. Lo mismo ocurre con el resto de los personajes: lo mejor de Fantomas es su nombre, pero durante la mayor parte de la saga se limita a quedarse sentado, esperando que vengan a liquidarlo. También sale una vampira, Madeleine, que ejerce de ejecutora de un clan vampiro de la mafia, aficionada a proteger a todos los niños y adolescentes con los que se cruza. Tampoco suena muy mal, aunque su arco vaticinó siniestramente el crepúsculo vampírico de Stephenie Meyer. Y no me hagan hablar del trio calavera. Resumiendo: las descripciones y presentaciones de los personajes son mucho más interesantes que sus actos. Sobre el papel, suenan bien, el diseño de personajes es bueno, pero no la implementación.

La saga empieza del peor de los modos posibles, con un prólogo en el que dos personajes conversan y uno de ellos le enumera al otro cada uno de los clanes de vampiros que existen, uno a uno, con sus características principales ¡Brillante! Me pregunto porque tantos escritores de ciencia ficción se han devanado los sesos tratando de iniciar sutilmente al lector es sus mundos personales; tanto “la puerta se dilató”, tantos esfuerzos malgastados evitando los “infodumps” introduciendo la información de modo menos indigesto posible, cuando era mucho más fácil insertar una conferencia de quince páginas con toda la información relevante. Brillante. Por cierto, el conferenciante muere poco después de terminada su cátedra, así que, en realidad, el libro no empieza hasta concluído este largo prólogo.

Durante el resto del primer libro, apenas pasa nada, porque Weinberg se cree en la obligación de presentar un personaje nuevo cada dos capítulos. Y el argumento se resiente por ello, aunque sería muy exagerado acusar a estos libros de tener argumento. Parece que hay algún tipo de vampiro mega-poderoso, aliado con unos primos lejanos de Cthulu, intrigando para provocar una guerra entre las facciones de vampiros para que se maten entre ellos, aunque, cuando se pone, masacra a sus sires más poderosos él solito, con suma facilidad. Esto lo va exponiendo envuelto en presagios ominosos, mientras no para de ampliar el foco y presentar a más y más personajes. Hasta que se acaba el libro. Entonces, empieza el segundo … y lo primero que hace es presentar a más personajes todavía. Todos bastante desaprovechados, porque Weinberg no tiene tiempo a darles mucha profundidad, al ir descartándolos rápidamente para presentar al siguiente.

Si uno consigue frenar los instintos de arrojar este librito por la ventana y acompañarlo en su descenso hacia el asfalto, la cosa mejora, levemente, porque los momentos en que los antihéroes más agradables le dan su merecido a los auténticos hijos de puta (en esta saga no hay héroes) están bastante conseguidos, pero es un espejismo.

La verdad es que no hay motivos para continuar la lectura. El mcguffin del conspirador que incita a unos bandos contra otros está muy gastado y no funciona bien cuando todos los bandos te traen sin cuidado. No es porque no haya buenos y malos, es porque los líderes de las facciones son todos igual de sosos y su destino te deja indiferente. A partir del segundo, los personajes presentados empiezan a cruzarse y descruzarse y a compartir información. Weinberg, que no el lector, parece tener bastante claro hacía donde va todo, pero la verdad es que las revelaciones, cuando llegan, quizá tengan sentido dentro del universo en que transcurren, pero son muy poco interesantes.

Estilísticamente, no se alcanzan los mínimos exigibles: el estilo es plano, plagado de descripciones rutinarias y carentes de sutileza. (negro oscuro, frio helador, cosas así)

Los personajes más malotes nos hacen perder el tiempo demostrando continuamente lo malos que son, asesinando a víctimas y adversarios que están impotentes ante ellos, durante páginas y páginas en un vano esfuerzo de conseguir que el lector los odie (que razón tienen los que hablan de la banalidad del mal). Los personajes menos malotes, hacen lo mismo, pero con asesinos profesionales. Unos y otros no paran de decirse lo que van a hacer, porque el único modo aparente de que el lector lo comprenda, aunque se repitan, digan cosas de sentido común o compartan información que su interlocutor, evidentemente, ya sabe. A pesar del breve espejismo comentado en el segundo libro, a las escenas de acción les falta fuerza y emoción. Cuantas más hay, peores son. Y, al acercarse el final de la trilogía cada vez hay más.

Un desastre. El tema de que haya gente que valore tanto estos libros sólo puede entenderse asimilando que las aficiones están llenas de afectos que resultan incomprensibles para los que no las comparten. Infumables películas de artes marciales de los años sesenta tienen calificaciones que dejan en paños menores a “Ciudadano Kane”, hay gente que escribe que “Mátalos y vuelve” les gusta más que las películas de Indiana Jones, que “Creature” entretiene tanto como “Alien”.. Qué demonios, hay mucha gente que no comprende que vemos en ella, los aficionados a la ciencia ficción. Supongo que tiene que ver con la infancia y adolescencia de cada uno, ya que todos somos prisioneros de nuestros orígenes.

La sensación que da esta serie es la de ser los primeros escritos de un autor aficionado, un fan-fiction, más que un producto profesional, sincera e ingenuamente convencido de estar haciéndolo bien y fracasando de todos modos. Estos libros son el triste recordatorio de que no basta el entusiasmo, el conocimiento y la devoción por el material de partida. Probablemente, ni siquiera baste con el trabajo duro. Al final, una cierta cantidad de talento se hace indispensable y hay gente que sencillamente, no valemos para escritores.

Comentarios

  1. Si se preguntan como conseguí acabármelo, si me resultaba una tarea tan ardua, debo reconocer que abandoné su lectura durante unos meses y que la reemprendí con un método muy peculiar, que demuestra lo enfermo que estoy. Me acostumbre a llevar los libros conmigo (son muy pequeñitos) y, en esos momentos perdidos en los que no sabes que hacer, cuando la gente modera ahora se dedica mirar el scroll del móvil, yo me ponía a leer. Y debo decir que así enganchaba más. Igual acabo abriendo un sección o una etiqueta nueva “Los libros del scroll”. Lástima que no pueda hacerlo cuando voy a la oficina, mientras espero que arranque el servidor en local.

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