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No creo en la crítica objetiva. Sólo conozco una o dos personas a las que le interesan mis opiniones. y a veces creo que lo hacen por cortesia.

sábado, 28 de abril de 2018

Uno de los nuestros



Este post no tiene nada que ver con Martín Scorsese, cineasta al que, por otra parte, admiro. Su reciente premio princesa de Asturias ha estado a punto de hacer que lo dejara en borrador indefinidamente, pero al final me ha podido la vagancia: no he tenido fuerzas para empezar uno nuevo.

Dentro del mundo de la imagen, a veces me encuentro con creadores cuyas señas estéticas de identidad me resultan muy afines, de tal modo que los estímulos visuales y argumentales provocan una salva de disparos neuronales en mi cerebro, reactivando senderos de axones por los que mi pensamiento ha sido condicionado para transitar, siendo la consecuencia final del circuito un chute de endorfinas que me hace exclamar: ¡Este tío es uno de los nuestros!

No tiene que ver con la calidad de lo que estoy viendo, de hecho, algunos de los míos distan mucho de ser artistas, sino con su estilo visual, o las temáticas que eligen.
 


El gran ejemplo estaría en el mundo del cómic. Katsuhiro Otomo es, definitivamente, uno de los míos. Lo demuestra en todas y cada una de las páginas de “Akira”, en casi todas las de “Pesadillas” y en muchas de “Memories”. Hasta en “Steamboy”, que, reconozcámoslo, como película no vale mucho, pero estéticamente es gloria bendita.
Frank Miller y Mike Mignola son de los míos, aunque no es tan exagerado y un caso peculiar es Salvador Sanz: con apenas tres obras, “Legión”,
 
 
"Migrador nocturno”,
 
 
 “Ángela della Morte”
 
 
y un corto de animación, este inquietante autor es uno de los míos.

En el cine, el ejemplo paradigmático es John Carpenter.
 
 
John Carpenter es uno de los míos, por los destellos azulados y metálicos de su fotografía, por usar música electrónica para la ambientación, por los desolados ambientes urbanos de “Rescate en Nueva York”,
 
 
por su simpatía hacia las películas de aventuras de serie B y de artes marciales de “Golpe en la pequeña China”,
por la atmósfera de “La niebla”, por ambientar sus películas en ambientes cerrados y opresivos y por su amor hacia el western.

Hasta es un fan de Howard Hawks.

Curiosamente, es un director que me gusta más por lo que no hace que por lo que hace, pero de eso hablaremos otro día.

No he visto aún “La forma del agua”. En mi opinión, Guillermo del Toro es a veces genial y a veces se queda en sólo visualmente atractivo. En las que para mí son sus mejores obras “Chronos”, “El laberinto del fauno” y “El espinazo del diablo”, no hay nada que lo haga de los míos, pero si lo hay en “Pacific Rim”, en “Blade 2”, en “La cumbre escarlata”, en sus películas de Hellboy, en su serie “The Strain” e incluso en Mimic, que me parece mala de solemnidad.

Me encantan sus artefactos mecánicos, llenos de engranajes, sus insectos, sus cuentos de hadas, sus niños, pálidos o no, sus hombres de negro, sus mundos devastados o en proceso de serlo. Y en los momentos mas insospechados, hasta le noto algo de western.

Ser de los míos no es una garantía de calidad.

En el verano del año pasado me dediqué a ver todas las películas de la serie “Phantasm”, muchas por primera vez.
 
 
 
Me encantan las esferas voladoras, los enanitos, el sepulturero y sus portales dimensionales, además de que transcurran casi íntegramente en pueblos abandonados y destartalados, desiertos, cementerios y grandes mausoleos, por no hablar del patético Reggie, patético por sus intentos de ligar, pero leal a sus amigos hasta la médula, a pesar de verse superado completamente por las circunstancias.
 

Encuentro que “John muere al final” tiene gracia, aunque probablemente lo deba al libro en que se basa.

Don Coscarelli tiene cierta habilidad para rodar escenas de acción, haciéndolo además con pocos medios, se le da bastante bien crear atmósferas y tiene imaginación, pero no creo que nadie le acuse de ser un gran director de cine y, como guionista, es malo de solemnidad, incapaz de dar a sus tramas el menor sentido.

Pero no me cabe duda de que Don Coscarelli es uno de los nuestros.
James Cameron probablemente es uno de los nuestros.

Steven Spielberg, no.

Hasta aquí todo esto de ser “uno de los nuestros” parecería un modo rebuscado de referirse a algo en el fondo muy normal: un aficionado al fantástico que siente simpatía por los directores de cine fantástico, buenos o no. No es tan sencillo, ¿Cómo encaja en ese patrón Walter Hill? No me inspira simpatía y sospecho que sus puntos de vista son lo más opuestos a los míos que se pueda imaginar. Por de pronto, me parece muy machista.
 
Sin embargo Walter Hill también es de los míos. Incluso sus peores películas me provocan ese chute de endorfinas al que me refería al empezar el post. Bueno, “Dulce venganza” y “El gran despilfarro” no. Puedo entender lo de “Calles de fuego”, por la ambientación urbana y la estética. Defiendo a ultranza “The warrior” (esa apología de lo macarra),
 
“La presa”
y “El tiempo de los intrusos”, por la tensión, la sensación de amenaza y lo que me gustan las historias de personas atrapadas en entornos hostiles. “Forajidos de leyenda” y “Wild Bill” son westerns estimables. “Gerónimo” no tanto, a pesar de sus buenas intenciones. Incluso defiendo “Traición sin límite”. Sus buddy movies son simpáticas, aunque no sean lo mejor del género. Me gustan las películas de profesionales, como “The driver”, pero si sigo enumerando sus películas, llega un momento en que me quedo sin argumentos: ¿Quién puede defender “Johnny el guapo”?

Y sin embargo, para mí funciona. No es objetivo, no es racional, es un rasgo de mi personalidad.
 

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