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No creo en la crítica objetiva. Sólo conozco una o dos personas a las que le interesan mis opiniones. y a veces creo que lo hacen por cortesia.

miércoles, 24 de noviembre de 2010

"A barlovento" de Iain Banks




Ya tenía yo ganas de hablar de Iain Banks. Un vistazo a lo que dice la gente de él en los blogs y webs nos dirá que es lo mejor que le ha sucedido a la ciencia ficción desde H. G. Wells, el autor preferido de grandes y pequeños, cuyas obras aúnan sentido de la maravilla, dilemas éticos y aventura a raudales, y ¡oh!, sus escenarios.. ¡Sus escenarios lo son todo!. Porque los escenarios de Iain Banks son grandiosos, majestuosos, brillantes prodigios de la imaginación.

No seré yo quien lo niegue. Pero entre tanta cháchara sobre los escenarios, nadie dice una palabra sobre sus argumentos. Porque sus argumentos, por lo general, no suelen valer un pimiento. Sus novelas suelen consistir en un McGuffin, una excusa argumental que sirve de hilo conductor en el que engarzar sus portentosas descripciones de orbitales, naves espaciales, naves espaciales dentro de naves espaciales, barcos de kilómetros de longitud, montañas excéntricas, ciudades dentro de plantas gigantes, etc, etc…..

Su modelo mas entretenido consiste en el personaje o grupo de personajes, que van al lugar A (magnífica descripción del lugar A), se meten en un lío del que escapan por los pelos para dirigirse al lugar B (magnífica descripción del lugar B) y vuelta a empezar.

Hay variaciones. En “Excesión”, juega la carta de muchos personajes (cada uno en su ambiente, magníficamente descritos, y algunos viajan). En “El uso de las armas”, son los flashbacks del protagonista los que permiten describir muchos planetas y culturas, separado por lo que se supone que es el argumento, una especie de misión de espionaje sin mucho sentido, que durante el ultimo tramo de la novela se descubre como el artificio que es, lo que obliga al bueno de Iain a meter al “prota” en otra misión, para poder introducir los flashbacks que le quedan por contar. Porque luego sus McGuffin, y esto es lo realmente rompedor de sus propuestas, se quedan en nada. Los protagonistas mueren sin conseguir sus propósitos, los consiguen pero no sirven para nada y (lo mejor), al final descubrimos que todo estaba ya previsto por las todopoderosas inteligencias artificiales, y que toda la historia era irrelevante. Esto es lo que hace que algunos les parezcan obras muy profundas y amargas, cuando a mí me viene a la mente una palabra que es muy usada por los intelectualillos para referirse a las space opera sin complejos que no pretenden mas que entretener: masturbatorias. Las novelas de Iain Banks me resultan muy masturbatorias.

Al menos las de ciencia ficción. No he leído el resto, tal vez sean muy buenas.

Después de esta introducción debe parecer que lo odio. Y no es esos. Como ya he dicho es un autor muy imaginativo, de una gran ironía., escribe al estilo betsellero imperante, pero en todo hay clases, y lo hace mejor que la mayoría, y en ocasiones muy bien. Sus personajes son estereotipos, pero estereotipos modernos y simpáticos. Y no olvidemos el otro motivo de su éxito (junto a sus escenarios) el que para mí es el verdadero motivo de su popularidad: sus escenas de acción son muy buenas.

Todo esto vino a cuento a raíz de “A barlovento”. Hablemos un poco de esta novela pues. Resulta que la Cultura intervino hace tiempo en las elecciones de la civilización chelgriana, para que fuesen elegidos dirigentes que contribuyeran a acabar con el sistema de castas. La jugada salió mal y acabó provocando una guerra civil.

Hace algún tiempo, un porcentaje de la especie chelgriana, se sublimó, ascendió a un nivel superior de realidad y crearon un paraíso a imagen y medida del de su religión, al que se accede después de la muerte si no se destruye el implante que preserva tu personalidad y los antepasados te juzgan digno. Por supuesto, también se puede pensar que este mas allá siempre existió y lo único que hicieron los trascendidos fue ponerlo en contacto con los vivos.

De lo que se trata en suma, es que los chelgrianos tienen comunicación con el mas allá, y sus antepasado les dicen que ninguno de los muertos en la guerra civil podrá ir al cielo, al menos que sean vengados.

Así que Quilan, un veterano que desea la muerte y el olvido, porque su mujer murió en la guerra y se perdió su implante, viaja a un orbital de la Cultura con el objetivo de destruirlo a él y a todos sus habitantes.

Como le lavaron el cerebro por cuestiones de seguridad, va recordando la misión poco a poco, todo esto se nos va rebelando por medio de flashbacks. La excusa para ir al orbital es intentar convencer a un exiliado de su especie en la Cultura de que vuelva a su mundo natal. Así que los flashbacks de Quilan se intercalan con conversaciones de este exiliado (en diferentes plataformas y lugares del orbital, prolijamente descritos), en las que, básicamente, se niega a verlo, una y otra vez.

Quilan es un personaje bastante bien construido, con el que se puede llegar a empatizar, a pesar de que esté intentando realizar una matanza indiscriminada. La mente central del orbital tiene un largo monólogo en el que revela sus interioridades y tormentos, que le hacen ser el personaje más interesante de la novela, aunque brevemente. Ese monólogo es muy bueno. Existe una subtrama sobre un erudito, Uagen Zlepe, que descubre accidentalmente el complot, que no aporta nada y sobra por completo. Puede omitirse la lectura de todos sus capítulos, y el lector no se perderá ningún detalle importante. El final tiene algo de emoción. Las similitudes con la guerra del golfo, o la metáfora sobre el terrorismo, es evidente desde la dedicatoria. Y la paranoia metafísica del paraíso artificial, aunque está muy poco desarrollada, me ha parecido muy interesante, aunque decirlo me haga parecer uno de esos intelectualillos que solo se hacen pajas cuando se tratan los temas de la muerte y la eternidad.

Hablando de paja, esta novela tendrá unas 350 páginas, en letra mas bien grande, pero tiene demasiada. Si fuera al grano, sería una magnífica novelita de 100 páginas, como no lo hace, es una obra de ritmo muy pausado y ocasionalmente aburrida, que por lo menos, en esta ocasión cuenta una historia. Y con partes muy brillantes reconozcámoslo, aunque las escenas de acción estén mayormente ausentes.

Siempre que leo a Banks, tengo la sensación de estar perdiendo el tiempo. A pesar de lo que la gente cuenta, no se puede decir que sus novelas sean mas profundas que la típica novela de Jack Vance, pero al contrario que las de este autor, son muy lentas y estáticas, es decir, para contar lo que cuenta, no hacen falta tantas páginas, y si solo pretende entretener, pues no lo logra muy bien, porque no va al grano, así que no suelen funcionar ni como novelas de aventuras. A pesar de ello, tarde o temprano acabo volviendo a caer y leyendo alguna otra novela suya.

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