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No creo en la crítica objetiva. Sólo conozco una o dos personas a las que le interesan mis opiniones. y a veces creo que lo hacen por cortesia.

jueves, 13 de abril de 2017

“The gap” la space opera de Stephen R. Donaldson. (1) Los antecedentes

 

 

Este va a ser un post raro donde los haya. Incluso me he planteado no hacerlo, entre otras cosas porque no estoy seguro de que pueda interesar a nadie, pero, como a fin de cuentas lo que suelo hacer en este blog es dar cuenta de mis lecturas y estas me han acompañado durante casi un año, parece injusto no dedicarles algunos pocos de miles de palabras. De todos modos, voy a dividirlo en varios.

Empecemos por los...

Antecedentes:
 
En los lejanos años de mi adolescencia, existía una editorial llamada “Acervo ciencia ficción”, que, entre otros, tuvo el honor de publicar las novelas de Dune, de David Brin y de Anne McCraffey. “Acervo ciencia ficción” se convirtió en “Acervo ciencia ficción y fantasía”, con la incorporación a su catálogo de “Las crónicas de Thomas Convenant, el incrédulo”, que alguno de mis hermanos tuvo la idea de regalar a un primo, vecino nuestro por aquel entonces. Se trataba de una imitación de “El señor de los anillos”, variante “inadaptado de nuestro mundo se convierte en el salvador de otro”. La originalidad consistía en que Thomas Covenant se negaba a interpretar el destino que la narración se empeñaba en otorgarle, empecinándose en que el universo al que había sido trasladado no era mas que un sueño. El conflicto, que dura tres tomos, habría podido arreglarse solo con que Thomas Covenant hubiera asistido a una representación de “La vida es sueño” o hubiera leído el libreto, pero, por desgracia, Calderón de la barca no debe de formar parte de los planes educativos de Estados Unidos.


 

 El protagonista me pareció un gilipollas que se pasaba todos los libros lamentándose. Encima era un violador, aunque tuviera remordimientos, totalmente merecidos, aunque en aquella época no entendía bien lo que eso significaba. Aún así, la serie tenía algo, las escenas de acción eran buenas, los malos daban miedo y, conforme iba avanzando, se iba alejando del canon tolkieniano que ya me tenía harto. David Pringle la incluyó entre sus cien mejores novelas de fantasía, aunque sólo para darse el gusto de ponerla a parir. Hubo unas “Segundas crónicas” que tengo que reconocer que si que me gustaron. El protagonista había evolucionado, hasta volverse menos insoportable, los personajes eran mas interesantes, las peleas mas espectaculares y los escenarios mas variados. En esta segunda trilogía se desvinculaba ya completamente de la obra de Tolkien, algo que no había visto todavía en la fantasía, creando mundos propios y argumentos originales, dentro, eso sí, de la manida lucha del bien contra el mal.

Posteriormente ultramar publicó su díptico “El espejo de sus sueños” y “El jinete a través del espejo”, convertido en tetralogía a base de dividir cada libro en dos. Adscrita también al género “inadaptado de nuestro mundo se convierte en el salvador de otro” partía de una idea fascinante, un mundo en el que los espejos son ventanas a universos paralelos y ubicaba mas de la mitad de la historia en un único escenario: un castillo asediado lleno de intrigas y personajes enfrentados, cosa que me encantó. Construida minuciosamente, con lentitud pero a paso seguro, esta obra me animó la vida durante unos siempre puñeteros parciales y me ganó para la causa del autor.
 
 
Autor que desapareció completamente de las librerías españolas.

El ciclo del “Gap”

Años mas tarde, descubrí que en su siguiente serie Stephen R. Donaldson había cambiado de género, para pasarse a la ciencia ficción. Me chocó bastante, vivíamos en una época en que la ciencia ficción estaba siendo desbancada por la fantasía épica. Era normal que autores de ciencia ficción pasasen a escribir trilogías medievales, lo contrario no parecía tener sentido. Jamás sabré lo que pudo llevar a un autor supuestamente consolidado y exitoso a realizar este cambio de timón en su carrera. En cualquier caso, durante el último año , me he dedicado a leer “The gap Cycle”, a ratos robados al sueño, en parte para perfeccionar mi ingles, en parte por curiosidad.

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