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No creo en la crítica objetiva. Sólo conozco una o dos personas a las que le interesan mis opiniones. y a veces creo que lo hacen por cortesia.

sábado, 30 de mayo de 2015

“Estación de tormentas” de Andrzej Sapkowski



El legendario escritor polaco regresa a su creación más popular, el brujo Geralt de Rivia, el wedzin, y lo hace en forma de precuela. Bien pensado, en la biografía de Geralt hay un hueco en el que caben, no una, sino un número casi infinito de historias que transcurran antes de que sus pasos se mezclaran con las intrigas de los más poderosos de las esferas de la política.

Si tuviera que ponerle un pero a esta novela, es que no es el primer libro que leo de Andrzej Sapkowski. A lo tonto, a lo tonto, debe ser el 11 o 12 y ya ha perdido la capacidad de sorprenderme, bueno eso no es exactamente así. Más exactamente, ha perdido la capacidad de sorprenderme de que me sorprenda.

Todas las virtudes de la obra de Sapkowski se encuentran en esta novela, los diálogos geniales, el sentido del humor, los personajes magníficamente descritos, incluso en su uso del lenguaje, la sátira y si, los giros inesperados, que hacen que el argumento se retuerza en las más inesperadas direcciones, abriendo continuamente nuevos frentes, que sin embargo, cierra con maestría con desenlaces que consiguen encajar todas las dispersas pieza del modo más inesperado.

Por el contrario, su tendencia a marear la perdiz, que lastró algo el final de la serie, está más comedida. Hay menos saltos temporales y menos personajes innecesarios, aunque algo de eso haya.

Geralt, más que un personaje chandleriano, cómo a menudo se ha dicho, me resulta cada vez más un personaje cervantino desengañado. Diríase que es el único que mantiene su integridad, aunque lo hace a regañadientes, sabiendo que sus actos le van a resultar perjudiciales y, en el fondo, no conseguirán nada, un Quijote que vive en un mundo en el que si existen los caballeros, pero estos no se comportan caballerosamente. Tanto él como Jaskier, e incluso Yennefer se han convertido en viejos amigos del lector, lo que, por desgracia, los hace más predecibles, uno ya sabe de qué pie cojean y como responden a los retos y adversidades.

En fin, es una buena novela, tal vez muy buena, entretenida, divertida y bien escrita, pero, salvo por un detalle, quizá más recomendable para los que estén menos familiarizados con las hazañas del wedzin que con los que se conozcan toda su obra, aunque estos últimos podremos regocijarnos con la nostalgia y con el regreso al mundo de uno de los mejores personajes de literatura fantástica que han llegado a España en los últimos quince años, de la mano de uno de los mejores autores que se han publicado en dicho periodo.

Por cierto, en las últimas páginas, ese pequeño detalle al que me refería anteriormente, en el que los lectores veteranos encontraremos referencias a algunos de los momentos más triviales de la saga,  recuerda aquí el final de la misma y parece presagiar, no futuras precuelas, sino auténticas secuelas. De ser así, agotada o no la capacidad de sorpresa, aquí estará un servidor para leerlas, disfrutarlas y reseñarlas.

3 comentarios:

  1. Buenas,
    Pues es una buena noticia que se haya publicado en España y que haya salido ya. No la ha visto en la Casa del Libro ni en ninguna parte, con lo que supongo que tendre que rebuscar para encontrarla.

    Saludos!

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  2. Hay cierta confusión porque la aventura transcurre DESPUÉS de conocer a la hechicera Yennefer (Y romper con ella temporalmente) pero ANTES de ir a salvar a la hija del rey Foldest de Temeria, convertida en estrige. Sin embargo, el relato de la estrige el el primero de todos del primer volumen, y a Yennefer no la conoce hasta el final del dicho volumen.

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    1. También me di cuenta, pero no es completamente imposible. En realidad nada nos dice que los relatos de "El ultimo deseo" transcurran en orden cronologico, la excusa argumental para unirlos, que era muy light por lo que recuerdo, es que los iba rememorando mientras estaba descansando en un monasterio, así que no tuvieron que ocurrir forzosamente en el orden en que los evoca.

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