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No creo en la crítica objetiva. Sólo conozco una o dos personas a las que le interesan mis opiniones. y a veces creo que lo hacen por cortesia.

sábado, 30 de abril de 2011

"El dia del minotauro" de Thomas Burnett Swann



“El día del minotauro” es una de esas bonitas historias en las que se nos cuenta como, en el lejano pasado, un pueblo vivía en paz y armonía con la naturaleza, hasta que llegaron los primeros y agresivos representantes de la civilización occidental y los exterminaron. En este caso es un pueblo de bestias prehumanas. Como odio este tipo de historias. Y también sus parientes alienígenas tipo Avatar, con adoración a Gaía la diosa madre y todas esas cosas.

Entiendo porque a la gente le gustan estas ideologías. Son ecologistas. Son feministas. Son pacifistas. No creo que nadie con dos dedos de frente pueda tener nada en contra de estos ideales. Pero dan una idea demasiado idealizada de la vida rural, no tienen en cuenta lo dura que es. Me recuerdan mucho a las novelas militaristas. Soy mas capaz de disfrutar estas, con todo eso de matar y destruir, marchar frente a un enemigo superior, la camaradería entre los compañeros y esas memeces. Pero cuando leo algún excesivo canto a las virtudes castrenses, pienso que al autor deberían ponerle a hacer la mili, y que verías lo pronto que se le pasaba la tontería, en cuanto tuviera que desfilar con el equipo completo a la espalda y pasar la noche haciendo guardia.

Con esta gente igual, ya me gustaría verles con un azadón, dedicándose a arar los campos, de sol a sol y sin máquinas. ¿Una vida más simple? Quizá. Pero también mas dura. Además, estas historias son muy hipócritas. Sus protagonistas siempre suelen ser pacíficos agricultores, puesto que la agricultura es una profesión pacífica y políticamente correcta. Cuando la agricultura y la ganadería son frutos del mismo esfuerzo falócrata que nos ha llevado erigir rascacielos, contaminar el mar y el calentamiento global. “Vivir en armonía con la naturaleza”, implicaría grupos nómadas de cazadores-recolectores, que por cierto, no tendrían mucho tiempo para sus manifestaciones artísticas. Y si ti parece que terminar un proyecto a tiempo de la fecha de entrega es estresante, pregúntate lo que experimentará un cazador de cuya labor depende que toda su tribu no muera de hambre cuando los animales ya se lo conozcan, o sea la época en la migran sus presas. El equilibrio con el entorno es un bonito eufemismo para decir que la mitad de tus hijos morirán de hambre o enfermedad antes de llegar a la pubertad.

No me entendáis mal, el mundo se va a la mierda, remediar, o al menos paliar, el desastre que estamos haciendo con nuestro planeta debería ser una obligación personal de cada uno de nosotros, sin embargo, no le veo soluciones fáciles, eventos de extinción masiva aparte, y no acaban de parecerme buena idea. No estoy seguro de que arreglen nada, por otro lado.

Bueno, menuda diatriba. Este libro cuenta la historia de una princesa de Creta y su hermano, que, cuando la isla es invadida por los aqueos, se refugian en el bosque, entre las bestias del mismo, en casa de un minotauro que es el narrador de la historia.

¡Aghhhh! ¡Lo he rebelado! Bueno que se le va a hacer. La naturaleza del narrador no se revela hasta el final del segundo capítulo y es un gran cierto. Bueno, de perdidos al río. El minotauro y la chica se enamoran, aunque a ella le costará reconocerlo, y se empeñara en revolverle la casa, ponerle zapatillas y hacerle vestir bien, y se enfadará cuando vengan sus amigos por casa a emborracharse. Finalmente los aqueos atacarán el bosque y habrá batallas.

Los personajes son tópicos y arquetípicos y no hay que entender esto como una crítica. Probablemente sea totalmente intencionado. Porque este librito, es un cuento, una fábula. Y si debiéramos puntuarlo de acuerdo a como el autor logra sus intenciones, habría que darle un diez. Sensible, poético, con sentido del humor, ternura y erotismo. Todo ello muy bonito, tal vez demasiado para mi gusto. Puede que no me guste lo que cuenta, pero lo cuenta muy bien.

Por último, me gustaría agradecer la labor de la librería Framauro, sin cuya colaboración no podría haberse escrito esta entrada, porque no habría leido el libro.

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