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No creo en la crítica objetiva. Sólo conozco una o dos personas a las que le interesan mis opiniones. y a veces creo que lo hacen por cortesia.

lunes, 12 de enero de 2015

"Planet of juddgment" de Joe Haldeman

“Planet of Judgment” de Joe Haldeman

Siendo un aficionado a las diversas series de Star Trek y un fan de Joe Haldeman, siempre he sentido curiosidad por las dos novelas que escribió de este universo. Finalmente, he decidido echarle un par y leerme una de ellas, en inglés por supuesto. Esta experiencia no ha carecido de sinsabores. He descubierto que el jefe de ingenieros, Scott, debía de hablar en la serie con acento escocés y que NO SE ENTIENDE UNA MIERDA DE SUS DIÁLOGOS.

Vayamos al grano, la cosa va de que la tripulación del Enterprise encuentra un planeta vagabundo, que no pertenece a ningún sistema solar (rogue planet en el original), obviamente artificial, entre otras cosas porque un diminuto agujero negro gira a su alrededor haciendo de sol. Hasta aquí todo me recuerda una memorable aventura de Flash Gordon, que si no guionizó Harry Harrison, era un homenaje a él. Cuando descienden a investigar se encuentran con que la tecnología, las leyes de la física en realidad, ya no parecen funcionar correctamente. Han quedado varados en el mismo.

Entonces entran en acción los creadores del “rogue planet” y esto se convierte en una de esas historias de “pruebas”. Kirk, Spock y McCoy en manos de unos alienígenas super poderosos, indistinguibles de dioses e igual de veleidosos, sometidos a extraños experimentos y con el destino de la humanidad en juego.

Si lo que uno esperaba era una historia de Star Trek escrita al estilo de Joe Haldeman, la novela  no puede ser más decepcionante. Hay cosillas aquí y allá que recuerdan a la obra del escritor. Él mismo ha recurrido a la figura de las inteligencias omniscientes e insensibles en la tercera parte de “Mundos”, en la innecesaria y más bien decepcionante “Forever Free” y puede que incluso en “Puente mental”. También hay indicios de su pesimista visión de la vida en algunos flashbacks de Spock y McCoy, en los que si hay algunas evidencias de su estilo, y, sobre todo, en los textos en los que describe los pensamientos en estado de duerme vela de Kirk y McCoy, y paren de contar.

Bien, una novela de estas características se puede hacer por dos razones, por encargo o por cariño a la serie original. Ignoro cual de las dos razones habrá sido, pero desde luego, Haldeman no ha intentado darle ningún toque personal. Uno se lo disculparía si por lo menos fuera entretenida y divertida. Lo es, pero no acabo de perdonárselo. Por dos motivos.

Uno, nada más empezar, introduce a tres personajes, involucrados en una especie de triángulo amoroso. No es que emplee mucho tiempo para hacerlo, pero lo hace. Estos tres personajes están presentes en todo el relato, se habla bastante de ellos, da la sensación de que van a ser importantes, y no pintan ABSOLUTAMENTE NADA. Al final toda la trama se centra en los tres mosqueteros Kirk-Spock-McCoy. ¿Para que tanto rollo en torno a esos personajes entonces? No puedo menos que considerarlo una muestra de impericia narrativa indigna de un escritor profesional.

Luego y esto es mas personal, está el tema de que los capítulos de “pruebas” no son santo de mi devoción. La primera vez que ves uno, pueden gustarte mucho, pero a la larga, se han vuelto repetitivos y lo que es peor, los poderes divinos de los alienígenas se convierten en una excusa para meter a los protagonistas en las situaciones más desquiciadas y absurdas, sin tener que preocuparse de justificarlo o de la propia coherencia de la historia.

Hombre tampoco se pueden pedir peras al olmo, dirán algunos. ¿Qué esperabas de este tipo de novelas? No espero que intenten hacer arte, espero pasar un buen rato. Hay algunas situaciones excelentes, Kirk intentando defender la cordura de su tripulación, Spock intentando convencer a McCoy de que se empareje con la enfermera enamoradita de él, esto último genial, pero nada tiene demasiado sentido, da la sensación de que Haldeman se fuera inventado la historia sobre la marcha, escribiendo lo primero que se le ocurría. Y lo del inútil triángulo amoroso, imperdonable.

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